domingo, 22 de febrero de 2015

Alcalá la Real. La Ciudad Oculta de las leyendas

Siempre es un placer visitar Alcalá la Real.

Y cuando el que visita esta ciudad es un amante de la historia, del patrimonio y del buen hacer con el que estos tesoros son cuidados en estas tierras de frontera (como es el caso del que os escribe) el placer es doble.


Es esta ciudad una constante sorpresa. Cada cierto tiempo, nos sorprende con un nuevo tesoro, que aumenta su ya enorme potencial turístico y patrimonial.

En no pocas ocasiones he podido escribir, sobre Alcalá la Real. Por aquí han pasado, el paisajístico Barrio de las Cruces, algunas de las atalayas que se conservan en torno a la ciudad, el yacimiento arqueológico de Domus Herculana y cómo no, la Fortaleza de la Mota entre otros muchos lugares.


Sin embargo, esta ocasión es especial. En las anteriores entradas sobre Alcalá, escribía sobre lugares conocidos ya por muchos, discurría por caminos ya muy transitados...

Hoy voy a escribir por el que está siendo, no me cabe duda, uno de los acontecimientos más importantes en la Ciudad de la Mota en este fin de semana, que ha dado mucho que hablar en los últimos tiempos, tanto en la ciudad como fuera de la misma y como está quedando demostrado a través de redes sociales, medios de comunicación y demás, ha generado una gran expectación.

Me siento un privilegiado al poder adentrarme y escribir ahora, en este mundo subterráneo, del que muchos han oído hablar y muy pocos han llegado a conocer hasta hoy.

Sin más rodeos, inicio mi relato de cómo me adentré en la Ciudad Oculta de Alcalá la Real.


Hace ya muchos años, que puse pie por primera vez en esta ciudad. En mi primera visita, me dirigí sin dudarlo al Castillo que reina y adorna toda la población. Muchas, han sido las visitas posteriores y jamás ha dejado de asombrarme esta Alcazaba.


Conforme el tiempo pasa, debo confesarlo, es mayor la admiración y al tiempo la envidia que me produce llegar a esta fortaleza, tan cercana a mi pueblo ¿o acaso 29 kilómetros es hoy día, una distancia mínimamente importante? y al tiempo tan distinta. Mientras que la pena me inunda, cada vez que visito alguno de los 3 castillos de mi querido Martos, por lo maltratados y olvidados que están, llegar a la Fortaleza de la Mota, es toparse con una constante sorpresa.

La antaño, enorme explanada de la Alcazaba donde apenas llamaban la atención la Torre del Homenaje y la Iglesia Abacial, ha dado paso hoy a una enorme excavación arqueológica que ha sacado a la luz la antigua ciudad, que en este cerro fortificado se asentó y por la que pasaron muchas culturas e importantes personajes de la historia de España.



Tras cruzar las numerosas puertas que cerraban este recinto amurallado, vuelvo a encontrarme ante la Iglesia Abacial.



Pero algo ha cambiado. Un laberinto de callejuelas y plazas han resurgido en torno a la Iglesia desenterradas tras siglos de olvido. No pasa desapercibido para nadie, la buena conservación de estos restos arqueológicos, que mantienen aún el empedrado de calles y plazas e incluso muchas de las estancias  que  tenían las casas de este barrio perdido, como son aljibes y caballerizas.



Absorto, observando estas ruinas, me doy de bruces con una abertura en el suelo. Una de las grandes novedades de la Fortaleza de la Mota.


Se trata del Nevero. Este castillo (al igual que muchos otros en esta provincia, que tiene una de las mayores concentraciones de Castillos de todo el mundo junto a Palestina y Siria) se encuentra construido sobre un cerro rocoso donde el agua era uno de los bienes más preciados, más aún en tiempos de guerra y asedio.


El ingenio debió agudizarse para adaptar este lugar y salvar a sus habitantes de la sed y para esto, se excavó en la roca una enorme cavidad subterránea donde se podía guardar la nieve, que en muchos inviernos visita la localidad y que en ocasiones se traía transportada desde las montañas, por largo tiempo y aprovechar al máximo el líquido elemento. Muchos son los ejemplos de aljibes que tiene este castillo, pero el tamaño de este nevero que es de los pocos de Andalucía que reúne las características del mismo, le roba protagonismo a los demás ingenios hidráulicos que se hallan en la Mota.


Una moderna escalinata metálica nos ayuda a bajar varios metros bajo el suelo, hasta llegar al fondo donde la roca está trabajada y labrada con nervios para facilitar el paso del agua.

Tal es el tamaño de este lugar, que es difícil poder recogerlo en una sola fotografía.

Muy cerca, uno de los nuevos espacios recientemente abiertos. El antiguo barrio del Bahondillo, nos regala una estampa curiosa, ya que se encuentra en una depresión de la meseta, encerrado entre los muros perimetrales del castillo, que nos hace olvidarnos que estamos en La Mota misma, ya que la visión con la Iglesia y la Torre, desaparecen.


Este barrio medieval, donde aún se conservan antiguas bodegas, muestra también las casas cuevas que se construyeron excavando en la roca, aprovechando al máximo todo el espacio de la ciudad amurallada.



Pero lo mejor está por llegar.

Sin más dilación, dirijo mis pasos a las entrañas de la Mota.


Desciendo hacia la primera puerta del castillo.

Entre las murallas y la pared de la roca, existen multitud de huecos y hendiduras rodeados todos ellos de misterios y leyendas. De antiguos pasadizos que formaban una ciudad, bajo la ciudad fortificada, construidos unos para dar vida a los habitantes del castillo y otras justo para lo contrario.


De minas y contraminas, mandadas construir por reyes durante los asedios. Algunos de estos túneles, son conocidos por los habitantes de esta ciudad desde antaño. 


Probablemente, pocos los habían podido recorrer en toda su extensión debido a la profundidad de los mismos y a los derrumbes que taponaban algunas zonas, hasta hoy cuando han sido recuperados y puestos en valor.


Entre las murallas y puertas, cerca del Arrabal viejo, se encuentra la entrada a la Ciudad Oculta.


Lejos, muy arriba queda la Torre del Homenaje y toda la meseta por donde hace unos instantes he caminado.



Adentrándome ya en las Galerías de esta Ciudad Oculta, siento en mis hombros el peso de la historia de esta ciudad que fue frontera durante siglos. Las Galerías, se construyeron durante el Medievo, y permitían las Comunicaciones, el Abastecimiento, la Defensa y  en ocasiones la Huida de la fortaleza.



En los pasadizos, en ocasiones me acerco a alguna de las murallas mientras que en otras, la tierra pareciera acogerme y hacerme olvidar de todo lo que me rodea en el mundo exterior.



En un hueco en la pared me encuentro con un pozo, que llaman el Pozo de la Reconquista y que fue fundamental en la rendición de este castillo. Era uno de los pozos principales de la ciudad y tal es la profundidad del mismo con más de 30 metros excavados en la roca, que la impresión en el que os escribe fue tan grande, que no me atreví a fotografiar en toda su extensión este pozo, por el vértigo que me produjo.


El Pozo de la Conquista, en gran parte de su extensión
Y no es poca la importancia  de este pozo que aún hoy, tiene más de 2 metros de agua. Se sabe que está protegido por una muralla en el exterior y en el fondo del mismo, tiene una mina en forma de cruz.


Entre los pasadizos, llegan a mis oídos susurros. Quizás sea el viento, avanzando por estos corredores.O quizás sean las voces de los antiguos moradores del castillo, que alimentaron leyendas que perviven aún hoy, que siguen retumbando por estos subterráneos.


El paseo subterráneo, hasta ahora llano y liviano, comienza un vertiginoso ascenso interrumpido en ocasiones, por algunas zonas donde la pared de la roca se ha derrumbado y me devuelve al exterior.




En ese momento, compruebo cómo voy subiendo por el interior de la muralla, al tiempo que al salir, puedo descansar mientras observo una magnífica panorámica de Alcalá la Real.



Por el camino, me encuentro con una antigua casa-cueva y ante la visión de la misma, me asaltan mil preguntas, de cómo fue la vida de los habitantes de esta civilización perdida.


Sin darme cuenta, culmino la última parte de la ascensión por estas galerías y regreso a la superficie por uno de los laterales de la Torre del Homenaje.


Maravillado por esta obra, me dan ganas de desandar lo recorrido y adentrarme de nuevo en la profundidad, quién sabe si llamado por el latido de la madre tierra, que los hombres prehistóricos sabían escuchar.

Pongo aquí fin a mi discurrir por la Fortaleza de la Mota, impresionado por tanto como he podido descubrir hoy y con la seguridad total, de que muy pronto volveré a caminar bajo la sombra de la Mota, que tanto misterio aún, atesora.

13 comentarios:

  1. Me ha encantado tu reportaje!!!
    Ya hace algunos años que visité esta fortaleza y me impresionó mucho. Hace unos meses estuvimos pasando un fin de semana en Alcalá y aunque los niños quería volver a visitarla al final no lo hicimos. Pero ahora que he visto tu reportaje es seguro que volvorémos porque ha cambiado mucho y esto hay que verlo.
    Muchas gracias por compartirlo.
    Un saludo.

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    1. Gracias por tu visita y comentario!! Visitar Alcala siempre es un placer. Te recomiendo que regreses pues te encantara!!

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    1. y tanto que es excelente .. gracias ha este blog podemos hacernos una pequeña idea de los misterios que hay en la mota.. me ha encantado este documento ,,te felicito por tu trabajo !!!

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  3. La verdad es que tenemos muchas ganas de hacer esta visita, ya conocemos la Fortaleza de la Mota y es una maravilla!

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  4. Miguel Ángel me topado con tu entrada anhelando saber de "La Ciudad Oculta de la Mota"... y ¿sabes qué te digo?

    Este sábado voy a verla.
    #deseandico estoy.

    Gracias por tu magnífico reportaje.
    ;-)

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  5. Miguel Ángel me topado con tu entrada anhelando saber de "La Ciudad Oculta de la Mota"... y ¿sabes qué te digo?

    Este sábado voy a verla.
    #deseandico estoy.

    Gracias por tu magnífico reportaje.
    ;-)

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    1. Seguro que no te defrauda!! muchas gracias por leerme y espero que disfrutes de ese magnifico lugar pronto!

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  6. es precioso buen reportaje parece que estoy biendolo otra vez gracias

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  7. MUCHAS GRACIAS, TENGO RECUERDOS DE HISTORIAS CONTADAS POR MI MADRE

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